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"Desperté sobresaltado, miré el reloj, las once y cuarenta y cinco de la noche, afuera no muy lejos, se escuchaban voces, gritos, llanto, disparos, todo en una secuencia lógica que presagiaba fatalidad. La curiosidad me invadió de repente, y entonces tomé una decisión, tal vez no la mejor, pero sí la más conveniente: me cubrí con la sábana para seguir durmiendo, y a la mañana siguiente compré el periódico."

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